El arte de preguntar

Nativel Preciado cuenta en la edición conmemorativa del 50 aniversario de la orden de cierre al diario MADRID de quién aprendió a entrevistar y cómo fueron aquellas primeras entrevistas publicadas en el diario

Para hacer una buena entrevista son imprescindibles, al menos, dos condiciones:  curiosidad y poseer el don de saber escuchar. Si no te interesa la vida del entrevistado puedes someterle a un interrogatorio, pero no lograrás crear el clima adecuado para mantener una conversación digna de ser escrita. Si, además, te gusta más hablar que escuchar, caerás en el error de enrocarte en tus prejuicios y no captar al personaje que, para el lector, es el único que importa. Porque si algo está claro es que el periodista es un mero intermediario entre el personaje y el público. Muchos cometen el error de olvidarlo y caen en un protagonismo fatuo, tedioso e insufrible.

Las buenas entrevistas del Madrid las hizo Juby Bustamante porque tenía todas esas cualidades y ninguno de los defectos señalados. Sabía escuchar de una manera activa, con auténtico interés por lo que le estabas contando. Y tenía, además, una curiosidad infinita por los acontecimientos extraordinarios, pero también por las pequeñas cosas. Ella fue una de mis maestras en el arte de preguntar. Recuerdo que un día vino levitando después de entrevistar a Simone de Beauvoir y, sin embargo, a la hora de transcribirla fue capaz de contener su entusiasmo y tomar la distancia necesaria para retratarla tal como era.

Mis primeras entrevistas las hice en el Madrid siguiendo las pautas marcadas por la que reconozco como mi primera maestra. Por entonces, todas las periodistas soñábamos con ser Oriana Fallaci. Tenía un estilo provocador, implacable, casi pendenciero en sus encuentros con el personaje. Nunca evitaba el conflicto. Tuve ocasión de conocerla en casa de Manu Leguineche y doy fe de que era tan impulsiva y arrebatadora en su vida privada como en sus escritos. Dejó una larga estela de discípulas entre las que nos encontramos Juby y yo.

Colombo, el celebrado autor de “Ultimas noticias del periodismo”, decía que la entrevista puede ser un favor, un pretexto o una trampa. En el Madrid nunca fuimos de favores ni pretextos, aunque en numerosas ocasiones tuvimos que sortear trampas gigantes. En aquellos tiempos, los jóvenes periodistas del Madrid estábamos sobrados de deontología profesional y teníamos un quintal de principios éticos. Desafío al lector a que consulte en la hemeroteca para comprobar si digo la verdad o miento.

NATIVEL PRECIADO

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